Investigació

Tres cosas que tendremos que hacer cuando el Rey se haya ido de Barcelona

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Cuando la manifestación del sábado haya pasado y Felipe de Borbón haya abandonado Barcelona para retomar sus negocios con sus amigos de Arabia Saudí, habrá que seguir trabajando y lo tendremos que hacer nosotras y nosotros. Será un trabajo tan arduo como imprescindible. Hay tres cosas que habrá que hacer (seguir haciendo) cueste lo que cueste:

1 No dejarnos engañar

Lo primero es no tragarse las toneladas de mentiras y manipulaciones que tenemos por delante. No habían pasado ni 24 horas desde los atentados cuando la maquinaria político-mediática estaba disparando culpas: la culpa es de los independentistas, la culpa es de Colau, la culpa es de los “buenistas” de Podemos, la culpa es de los refugiados, la culpa es “de los moros”. Y no van a parar. Como siempre que la sociedad se enfrenta a un trauma, el poder se ocupa de señalar como responsables a sus rivales. Sus rivales son todos aquellos que se atrevan a cuestionar sus años de privilegios, de tramas corruptas y de connivencias con el poder financiero. O sencillamente sus rivales son aquellos que no se pueden defender. Lo vimos cuando sus burbujas (financieras, inmobiliarias, urbanísticas) explotaron encima de nuestras cabezas: la culpa era de los que “vivían por encima de sus posibilidades”, de los trabajadores perezosos, de la gente que tenía que “trabajar más y quejarse menos”. La culpa de todo era de todos menos de ellos. Los bolardos, la CUP, Colau… todo les valdrá para que no miremos de donde sale el terror ni quiénes son sus responsables últimos. Hay que pararle los pies al engaño y, siguiente tarea:

2 Poner sobre la mesa lo que nos esconden

No. Los responsables del terror no son únicamente los terroristas que el otro dia se llevaron por delante 15 vidas. De hecho ellos son el último eslabón de una larga cadena. No es “teoría de la conspiración”. Son datos. Dato 1: El Informe Chilcot encargado por el Parlamento inglés deja clara la conexión entre el desastre producido por la invasión de Irak y el surgimiento de ISIS. La invasión de Irak no fue obra de unos jóvenes de Ripoll. Fueron tres señores que se hicieron una foto en las azores. Dato 2: Israel, Turquia o Arabia Saudí han visto en ISIS una herramienta útil en diversos conflictos políticos (contra Irán, los kurdos, hezbolá). Dato 3: ISIS recibe apoyo económico de sectores influyentes de Arabia Saudí. Países como Francia, Reino Unido, Arabia Saudí o Qatar han ofrecido apoyo logístico y militar a supuestos “rebeldes”yihadistas en Siria . Dato 4: A partir de 1983 EEUU, Arabia Saudí y Pakistán invirtió “más de 3000 millones de dólares para proveer de armamento y pagar sueldos de los combatientes” muyahidines afganos, conviertiendose este acto en uno de los orígenes más claros del yihadismo actual. Podríamos seguir toda la tarde aportando datos que dejan claro que el terror no nace de la cabeza de unos jóvenes de Ripoll.

Ni bolardos, ni CUP, ni Colau, ni el “buenismo”, ni “los moros”. Es la arquitectura de un mundo diseñado a imagen y semejanza de los que hoy ponen todo su aparato político-mediático al servicio de la mentira, la manipulación y la criminalización de sus adversarios. Y esto nos lleva a la tercera tarea:

3 Librar “la batalla” a pie de calle, a pie de WhatsApp

Que la Falange, PxC y toda la gama de fascistas que pueblan nuestras ciudades aprovechen los atentados para difundir su mensaje de odio no es ninguna sorpresa. Era lo esperable. Todos sabemos cómo el fascismo se nutre de las sociedades atemorizadas. Tampoco nos debe sorprender escuchar a curas exaltados escupir odio desde ciertos púlpitos, ni que ciertos columnistas y tertulianos se apunten a esparcir la bilis que allana el camino a los que basan su poder en enfrentar al último con el penúltimo. Todo esto era esperable. Pero pasará (está pasando) una cosa aterradora: ver como ese mensaje cala cerca de nosotros y lo podemos escuchar en boca de gente cercana, incluso en boca de gente a la que apreciamos y queremos. Si no lo combatimos, el temor mezclado con la manipulación y la mentira hará su efecto. Estos últimos días he oído, leído y sentido ese odio en sitios insospechados. En sitios donde duele. Ese grupo de WhatsApp, ese compañero de trabajo, ese conocido del bar, ese familiar en la sobremesa, entonando el discurso del miedo. Esos son espacios que no podemos ceder.  

La batalla contra el engaño no la hará el diario El País (financiado por la banca y Qatar). No nos ayudarán a entender las profundas raíces del terror aquellos que forman parte del entramado y no será el rey Felipe quien a pie de calle combata el reguero de odio. Esa batalla la tendremos que hacer desde abajo, en cada barrio, en nuestro trabajo, en las sobremesas familiares, en nuestros grupos de WhatsApp. No podemos ceder ni un milímetro al terror. Tenemos una batalla enorme por delante. Y #NoTenimPor.


 

Algunas lecturas para la batalla:

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